viernes, 11 de enero de 2013

De Leyenda

Aunque sea yo dragón, caballero, no está en mi naturaleza matarte. Necedades son las historias que se cuentan, las mentiras que os hacen creer, los rumores que nunca se contrastan.
Yo no mato a los caballeros cuando vienen, ni los quemo, ni los devoro. Yo les cuento estas mismas palabras. ¿Sabes, tú, humano, qué hace la mayoría de hombres cuando oyen esto? Se van, ¡se van! Se van solos y derrotados, sin haber alcanzado lo que querían, engañados por las falacias que en su cabeza habitaban.
Desde el principio de los tiempos he guardado esta torre pero no le he prohibido a nadie entrar y llevarse a la dama. Aún así, nadie lo ha hecho. Los hombres querían la fama, querían derrotar al dragón y llevarse a la mujer más bella del mundo, ser el caballero más famoso y valiente de la tierra. Pero todo eso es una mentira, no existe. No me van a matar, no van a luchar contra mí. No hay ningún premio. Ella quiere ser mujer, no medalla. Y aquí estamos, Desafío y trofeo, mujer y mascota, solos, siempre solos, esperando al hombre que quiera ser hombre, no al hombre que quiera ser Dios.