domingo, 24 de marzo de 2013

Mi narrativa, tu poesía

Sólo después de leerte, pude escribirte. Pude alumbrarte, mirar en todos tus rincones, curiosear por donde parecía no haber nada. Quité el velo de todas aquellas cosas que habías guardado en la caja sellada, la que nadie podía abrir.

Al principio te escribí en prosa. Mi narrativa era muy abundante, las palabras no cesaban porque tenía muchas, muchas cosas que decir. Pensé en la mueca que me había salido en la cara, eso que llamaste sonrisa, y en cómo era tu consecuencia directa, la de tus bromas, caricias y burlas.
Llené páginas y páginas hablando de ti, de tus problemas, de tus recuerdos, de esa vida que ya no querías ocultar. Fueron meses de escritura automática, meses de continuo descubrimiento y excitación.

Un día, acabé el libro. Su única edición tuvo una tirada de dos ejemplares. Cuando te lo enseñé, decidiste quemar el mío, y que al calor de sus llamas, leyésemos, tirados en tu cama, todo lo que el libro nos quisiese decir. Alguna lágrima desbordó sentimientos que en la obra no se podían explicar. Miré tu rostro húmedo, y descubrí, incrédulo, que tras las lágrimas había una sonrisa. Esa sonrisa que era mi motor primo, mi motor único. Fue entones cuando me di cuenta de que el libro no te hacía justicia, pues harían falta mil volúmenes para empezar a describir lo que de verdad eras.

La narrativa, pensé, no tiene la capacidad de reflejar la realidad completa. Sólo la poesía puede hacerlo, mostrando en cada poema un detalle, solo uno, un detalle de esos que me cambian el día, esos que demuestran la perfección por la que estás compuesta.

Así fue como de mi sinceridad nacieron versos. Aquellos versos contaban historias muy diferentes; cómo me salvabas de mí mismo, cómo tu sonrisa de niña pequeña podía borrarlo todo, cómo hacías que nada me importase excepto lo que más me importa. Tus juegos, tus caricias, tu fe en mí y tus ganas de salvarme. Líneas y líneas salieron de mi cabeza, mucho más pausadamente, saboreando cada palabra, cada estrofa, intentando darles la mejor forma pues tenía que rendir cuentas a la mejor musa. Casi todos esos versos se quedaron en mi cabeza y no sabes de su existencia. Vivieron y viven por las noches, cuando todo el mundo duerme y entonces tus ojos se cierran, subes una pierna y sonríes pensando en que el mundo es tuyo por las noches, sin saber que el mío te pertenece siempre. También aparecían estos versos en mi cabeza cuando hacías al mundo abstraerse de ti, queriendo estar sola durante horas, para reaparecer con una mirada, una sonrisa, un beso.

La narrativa, no lo niego, fue un buen comienzo, seguramente necesario. Pero la poesía, de la forma en la que la adornas, se hace totalmente imprescindible.