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miércoles, 27 de noviembre de 2024

La tienda

Me abro a mí mismo a menudo

y nunca sé si me gusta lo que encuentro.

El escaparate está ordenado y tiene luces

pero el almacén apesta a cerrado.


Vivo de las visitas de gente curiosa

que se interesa por lo que vendo.

Algunos solo se paran segundos

pero otros me regalan su tiempo.


A ellos les debo todo;

les llamo familia, amigos, amores.

Les regalo todo lo que tengo a la venta

pero nunca llegan a pasar al fondo.


Me da pánico abrir esa puerta

y que airee lo imperdonable

que recorra estas calles negras,

y tener que cerrar el escaparate.

martes, 14 de abril de 2015

Cumpleaños

Entré a trabajar a la vez que él, pero yo no supe arreglármelas tan bien. Entramos en la fábrica como manos útiles en la cadena de montaje. Al principio me costó acostumbrarme al ritmo de trabajo. No tienes tiempo para descansar porque nunca paran de aparecer por la cinta juguetes nuevos que tenemos que montar. Suelen ser muñecas rubias, con piel como las mujeres ricas, con diferente ropa. A veces pienso que la ropa de esos juguetes es mejor que la mía y tengo envidia. Una vez una señora quiso guardarse un muñeco para su hijo pero la descubrieron. Intentó escaparse pero la cogieron y la llevaron otra vez a su sitio. Le pusieron unas esposas atándola a la cinta y empezó a pasar por delante de todos nosotros. Cuando iba a llegar al punto donde la cinta cae y una máquina muy grande separa los muñecos, el guardia le cortó el brazo y la señora se pudo tirar de la cinta y salvarse de una muerte muy dolorosa. Le dijeron que volviese a su sitio y que si no podía seguir siendo útil, buscarían una solución al problema. Después de ese día no volvió. Yo era amigo de su hijo, y lo vi llorando al día siguiente. Me dijo que había muerto al llegar a casa la noche anterior.
Como iba diciendo, yo entré a trabajar al mismo tiempo que él, pero no tenía su carácter. Él era lo que los jefes querían. Tenía muy mal humor, se enfadaba por todo y era violento. Hoy lo ascendieron a supervisor de la zona en la que estábamos trabajando. Lo primero que hizo fue tirar al suelo y darle patadas a un chico que estaba tocándose las manos porque le dolían. Supongo que querrá mandarnos el mensaje de que no podemos parar ni un momento.
La verdad es que lo paso un poco mal, pero a veces me cruzo con mi hermana por la fábrica y eso siempre me hace sonreír. Y sé que al fin y al cabo, trabajando puedo ayudar a que salgamos adelante y a comprar las cosas que necesitamos.
A veces me gustaría que mi vida fuese de otra forma. Saber que vas a poder comer algo al día siguiente, aunque solo sea una vez en todo el día. Creo que hoy cumplo nueve años. Me gustaría que mi madre aún estuviese aquí y me abrazase al llegar, porque solo eso ya me haría soportar el dolor de trabajar aquí.
Veo al supervisor venir, cogiendo un palo que había en el suelo. Otra vez me quedé absorto en mis pensamientos y ahora me van a dar una paliza. Lo bueno es que el sol se está escondiendo y solo me quedarán unas horas más aquí antes de poder irme a mi casa con mi hermana. Tengo ganas de llegar, de que me cante cumpleaños feliz. Nos abrazaremos y nos daremos fuerzas. Siempre nos decimos que esto algún día va a cambiar, que no es justo. Solemos recordar a papá y a mamá, y lloramos. Yo ya estoy en el suelo recibiendo golpes. Sigo pensando en ellos. Ojalá el supervisor me mate. Sería el mejor regalo de cumpleaños.

viernes, 10 de abril de 2015

Fórmulas

Una fórmula es – explicó el profesor- una estructura prefijada. Es algo que se dice automáticamente, sin ningún valor emotivo por parte del emisor. Se suele considerar que las más comunes son las fórmulas de cortesía, por ejemplo que tenga un buen día o es un placer conocerle. Hay fórmulas como perdón o gracias que también son muy repetidas. Sin embargo hay muchísimas más. Nosotros usamos fórmulas continuamente. Durante el día decimos un gran número de cosas que realmente no estamos pensando. Cuando al acabar la clase os digo que tengáis un buen día, ni yo ardo en deseos de que os lo paséis bien ni vosotros os paráis a pensar que realmente os lo estoy deseando. Es solo una fórmula.
Vosotros aún sois jóvenes. Aunque vivís rodeados de fórmulas no las emitís constantemente porque vuestras vidas no están atenazadas aún por la rutina. Seguramente no sepáis lo que es ir al entierro del padre de un amigo tuyo del instituto que no ves desde hace diez años y decirle te acompaño en el sentimiento. Si no se lo dices parecerás despreocupado y sería socialmente inaceptable, y si lo dices cumplirás tu papel, pero serás un mentiroso. Lo más probable es que no le acompañes en el sentimiento. Seguramente tenías mejores cosas que hacer que ir a un entierro de un señor de 95 años que prácticamente no conocías. Pero ahí estás, mintiendo.
Cuando tu mujer cada noche en la cama justo antes de apagar la luz para dormir te dice te quiero y tú le respondes cerrando el libro y quitándote las gafas y yo a ti, estás siendo un simple hipócrita. Estás pensando en el misterio del libro, buscando la funda de las gafas u ocupando la mente en cualquier cosa, pero tu cerebro no te está diciendo joder, la amo. Hemos asimilado la situación, hemos hecho un pacto tácito por el cual cada noche nos vamos a decir que nos queremos, aunque realmente no lo estemos pensando. Algún día probad a no responder el y yo a ti. Se crea una situación desesperadamente incómoda que solo se puede evitar con la fórmula.
Supongo que habréis entendido lo que quiero explicar. Vivimos rodeados de fórmulas, las cuales damos y recibimos constantemente. Son frases que con solo existir nos hacen la vida más fácil, nos ahorran malas caras y situaciones desfavorables para nosotros y ocultan nuestra realidad de personas indeseables para esta sociedad.

domingo, 22 de marzo de 2015

Te quiero con locura

Hoy terminamos de construir el palacio por fin, ¿Y sabes qué? Yo puse la última piedra, y la puse pensando en ti. Así que yo creo que te pertenece. Eres algo así como la reina, porque su construcción fue dedicada a ti, ¿no es divertido? Toma, las llaves del palacio. Se las cogí a los guardias porque yo creo por derecho son nuestras, aunque ellos pensasen que no.
Y tengo algo más. Mira, es la corona. Viene con la cabeza de la reina porque como no quería quitársela, se la tuve que arrancar y al final me quedé con la cabeza también. Pero la sacamos y no pasa nada.
Mírate, qué bien te queda, estás preciosa. Yo creo que naciste para ser reina. No llores. Te quiero, te quiero con locura.

sábado, 21 de marzo de 2015

Prisma

Lo miraba todo con los ojos equivocados. Y es que en todas las noches de mi vida fue la luna la que me mostró el mundo, siempre pálido, inerte, monótono. 
 
Sin embargo, la vez en la que a la sombra de la noche te distinguí por primera vez, un torrente de colores y energía comenzó a brotar por la ciudad. El río, verde esmeralda, se agitó como nunca. Los árboles amarillos crecieron más alto. Miré al cielo y estaba azul, las estrellas rojas. 
 
Comprendí en ese momento que la luna había que mirarla a la luz de tu cuerpo.

lunes, 16 de marzo de 2015

Polvo eres

Desde pequeña le aterrorizaba la posibilidad de que la enterrasen viva, así que decidió vivir en las alturas. En un bosque cercano se hizo una casa en un árbol. Un día descubrió que tenía un vecino con el mismo miedo y la misma decisión de vivir en el aire. Se mudaron juntos a una casa más grande en un árbol más alto y prometieron no enterrarse vivos bajo ninguna circunstancia. Quisieron casarse pero todos los curas eran demasiado viejos como para subir al árbol y ellos no podían bajar, así que nunca lo hicieron oficial.

Con ochenta años decidieron poner fin a sus vidas para asegurarse de que su temor no se hacía realidad. Se tomaron el veneno y con una sonrisa y cogidos de la mano se despidieron del mundo. Las familias recibieron las notas de suicidio y procedieron a enterrar los cuerpos.

Cuando abrió los ojos, todo era oscuridad y en la caja no quedaba mucho oxígeno.

martes, 10 de marzo de 2015

Uno, dos y mil te quieros


Todas las noches le decían 'te quiero' y le besaban la boca, el cuello, los pechos. Se lo decían en la calle, en el coche, en la habitación del hotel y en el baño. 'Te quiero', le repetían, 'te quiero'. Otra caricia, otra mano por dentro del pantalón, otro sujetador arrancado violentamente.
'Eres la mujer de mi vida', le susurraban siempre al oído, antes de volverse a sus casas.
'Solo son clientes, aguanta', se repetía ella, máquina expendedora de amores no correspondidos.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Muñecos

Después de un largo día de toma de decisiones, el Presidente llegó a casa muy cansado. Se aflojó la corbata, se tiró en la alfombra y se puso a jugar con sus Action Man.
-Ahora yo soy el que manda - dijo, sonriendo con superioridad, mientras golpeaba un muñeco contra otro.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Disyuntiva adversativa pura

-Ahora siento que cada minuto que pasé contigo o pensando en ti fue tiempo tirado. Noto que ya no podemos hablar como antes, que nos entendíamos casi con la mirada, que éramos la envidia de todos. Ya ni me coges la mano cuando vamos por la calle, ni me abrazas cuando te vas a dormir. Creo que ahora aborreces mi existencia, vives en un plano ajeno al mío. Tu gravedad y la mía son opuestas y se evitan. Ya no hay miradas tranquilizadoras, tampoco miradas excitantes. Solo el pasotismo de la rutina que nos aplasta y que tenemos que cargar como Sísifo en la montaña. ¡Qué nos ha pasado! ¡Qué puede ser tan odioso como para romper algo tan fuerte como lo que teníamos! ¡Qué son estos días sin amor, qué será el resto de nuestras vidas! ¡Explica tus razones! ¡Habla!

-Y tú más. Gordo de mierda.

Problemas de mortales

Sísifo se apoyó en la piedra y encendió un cigarrillo. Se colocó bien las gafas de sol y se compró una bebida energética en la máquina expendedora. Ya casi se había quedado sin monedas, así que cogió la chaqueta y volvió a casa. Esta vez tenía que acordarse de coger el cargador del móvil. Y llamar a María. Tenía que vencer los nervios y llamar a María. Si no, cualquiera con más tiempo libre podría enamorarla antes que él, y eso no podía pasar. Ese castigó sí que no podría soportarlo.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Intercambio incompleto, alquimia imperfecta

Se arrepintió de escribirle cartas de amor, porque aunque gracias a eso acabaron juntos, él nunca recibió una.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Desarmado

Mi cuerpo está compuesto
por cien pedazos o partes,
y me vas quitando,
desde hace ya mucho,
dos piezas cada día.

Lo que menos me duele
es que me arranques
partes de mis piernas,
o de mis brazos, las manos,
porque a veces me quitas
partes de mi cerebro,
el cerebro que yo era
y al cual aún estoy aferrado,
lo desmontas con esmero
y eliminas a tu parecer,
lo que tal vez ya no merezco.

Un día pensé en escaparme,
volver a mi yo pasado,
pero cuando me decidí a hacerlo,
ya no tenía piernas
y algunos dedos menos
que no me permitirían
ni arrastrarme por el suelo.

Y mi vida había cambiado,
de lo que era cada vez quedaba menos,
y triste me siento alegre
cuando te veo entrar por la puerta,
acompañante para siempre,
y triste me siento alegre
cuando me doy cuenta de que
eres tú lo que lo ha cambiado.

Me llevó algún tiempo entender
lo que cada noche pasaba,
y es que no eras tú que me quitabas
si no yo que me entregaba.

Te agradezco cada noche
que no me quites los ojos,
para poder ver hasta el último momento
la sonrisa con la que vienes,
te acercas y me acaricias,
que es lo que espero todo el día,
tumbado en una mesa de metal,
recordando entero mi cuerpo
imaginando precioso el tuyo.

Pero hoy estoy preocupado
porque además de los ojos,
un dedo, quizás un brazo,
ya me voy quedando sin cosas
que pueda entregarte.
Temo llegar al momento después del último
y dejar de existir para ti,
como ya para el mundo lo habré hecho.
Cuando me hayas terminado,
no quiero que vayas a por otro
y lo tumbes sobre esta misma mesa,
porque tus ojos serán mis ojos
y tus manos serán mis manos,
porque cada pieza que arrancas de este mundo
se olvida de mi tragedia
y se acuerda de lo olvidado.

Dos o tres noches quedan
y los ojos que aún tengo
hoy han llorado,
porque saben que es más fácil
vivir yo de mí separado
que sin ti a mi lado.

miércoles, 5 de junio de 2013

Tuvieron tiempo

Tuvieron tiempo las torres,
los caballos, los afiles,
para darse la vuelta,
incluso después de hacerlo,
de tumbar a tres o cuatro.

No miraron a los lados tampoco,
la torre ciega,
los caballos cegados
y los alfiles altivos.

No sé si pensaron que ellos
tenían la mayor de las paciencias,
el mayor de los letargos,
o el menor de los poderes,
no sé si tras hacerlo les entró el miedo
o solamente fueron recompensados.

Cuando se derrumbó la torre
el caballo estaba nervioso
y el alfil pedía explicaciones,
¿a quién?, ¿de qué?

Sin poder huir de un tablero finito
fueron atropellados,
odiados, insultados,
porque sin caballo el jinete era una persona,
sin traje el alfil era una persona,
pero las personas ya no perdonaban
porque tres o cuatro fueron tumbadas,
y por ellos
nunca más se arrodillarían.

viernes, 3 de mayo de 2013

Farola rota

Buscamos la luz de una farola rota, una bombilla que proyecta mentiras. Damos por válidos engaños y damos por malos elementos no iluminados. La farola rota, única luz en toda la calle, nos conforta, y ella reposa tranquila, sabiéndose suficiente para saciar los cuerpos cansados. 
El hombre se apoya en su poste frío y no duerme para guardar su puesto privilegiado.
Pasamos hambre y frío en una calurosa noche de verano.

domingo, 24 de marzo de 2013

Mi narrativa, tu poesía

Sólo después de leerte, pude escribirte. Pude alumbrarte, mirar en todos tus rincones, curiosear por donde parecía no haber nada. Quité el velo de todas aquellas cosas que habías guardado en la caja sellada, la que nadie podía abrir.

Al principio te escribí en prosa. Mi narrativa era muy abundante, las palabras no cesaban porque tenía muchas, muchas cosas que decir. Pensé en la mueca que me había salido en la cara, eso que llamaste sonrisa, y en cómo era tu consecuencia directa, la de tus bromas, caricias y burlas.
Llené páginas y páginas hablando de ti, de tus problemas, de tus recuerdos, de esa vida que ya no querías ocultar. Fueron meses de escritura automática, meses de continuo descubrimiento y excitación.

Un día, acabé el libro. Su única edición tuvo una tirada de dos ejemplares. Cuando te lo enseñé, decidiste quemar el mío, y que al calor de sus llamas, leyésemos, tirados en tu cama, todo lo que el libro nos quisiese decir. Alguna lágrima desbordó sentimientos que en la obra no se podían explicar. Miré tu rostro húmedo, y descubrí, incrédulo, que tras las lágrimas había una sonrisa. Esa sonrisa que era mi motor primo, mi motor único. Fue entones cuando me di cuenta de que el libro no te hacía justicia, pues harían falta mil volúmenes para empezar a describir lo que de verdad eras.

La narrativa, pensé, no tiene la capacidad de reflejar la realidad completa. Sólo la poesía puede hacerlo, mostrando en cada poema un detalle, solo uno, un detalle de esos que me cambian el día, esos que demuestran la perfección por la que estás compuesta.

Así fue como de mi sinceridad nacieron versos. Aquellos versos contaban historias muy diferentes; cómo me salvabas de mí mismo, cómo tu sonrisa de niña pequeña podía borrarlo todo, cómo hacías que nada me importase excepto lo que más me importa. Tus juegos, tus caricias, tu fe en mí y tus ganas de salvarme. Líneas y líneas salieron de mi cabeza, mucho más pausadamente, saboreando cada palabra, cada estrofa, intentando darles la mejor forma pues tenía que rendir cuentas a la mejor musa. Casi todos esos versos se quedaron en mi cabeza y no sabes de su existencia. Vivieron y viven por las noches, cuando todo el mundo duerme y entonces tus ojos se cierran, subes una pierna y sonríes pensando en que el mundo es tuyo por las noches, sin saber que el mío te pertenece siempre. También aparecían estos versos en mi cabeza cuando hacías al mundo abstraerse de ti, queriendo estar sola durante horas, para reaparecer con una mirada, una sonrisa, un beso.

La narrativa, no lo niego, fue un buen comienzo, seguramente necesario. Pero la poesía, de la forma en la que la adornas, se hace totalmente imprescindible.

viernes, 11 de enero de 2013

De Leyenda

Aunque sea yo dragón, caballero, no está en mi naturaleza matarte. Necedades son las historias que se cuentan, las mentiras que os hacen creer, los rumores que nunca se contrastan.
Yo no mato a los caballeros cuando vienen, ni los quemo, ni los devoro. Yo les cuento estas mismas palabras. ¿Sabes, tú, humano, qué hace la mayoría de hombres cuando oyen esto? Se van, ¡se van! Se van solos y derrotados, sin haber alcanzado lo que querían, engañados por las falacias que en su cabeza habitaban.
Desde el principio de los tiempos he guardado esta torre pero no le he prohibido a nadie entrar y llevarse a la dama. Aún así, nadie lo ha hecho. Los hombres querían la fama, querían derrotar al dragón y llevarse a la mujer más bella del mundo, ser el caballero más famoso y valiente de la tierra. Pero todo eso es una mentira, no existe. No me van a matar, no van a luchar contra mí. No hay ningún premio. Ella quiere ser mujer, no medalla. Y aquí estamos, Desafío y trofeo, mujer y mascota, solos, siempre solos, esperando al hombre que quiera ser hombre, no al hombre que quiera ser Dios.

jueves, 6 de septiembre de 2012

sábado, 8 de octubre de 2011

Noche



Me agobia esta noche,
como todas las noches,
negra, triste y sola,
me desespera pensar en ella,
no quiero quedarme dormido,
volveré a tener pesadillas,
volveré a quedarme muerto,
volverán a dejarme solo,
quiero que las horas no pasen,
quedarme atrapado en el ocaso del atardecer,
una sombra eterna se cierne,
una tiniebla magnífica,
un conjuro inevitable,
viene la noche,
me abrigo y tiemblo,
me escondo,
sí,
me escondo,
a ver si la noche,
ciega como siempre,
consigue encontrarme.

martes, 27 de septiembre de 2011

White dry pages



Tocando esta última carta que dejaste en mis manos, escuchando el crepitar de la noche que se cuela por el cristal roto de la ventana de mi habitación, puedo recordar tantas cosas que no recuerdo ninguna.
Los besos que nos dimos se confunden con los que no nos dimos, los abrazos parecen ilusiones que alguien me proyecta para confundirme.
Me suena tu cara, casi puedo recordar tu boca, tus manos tan suaves, abrazándome hasta en las mañanas que despertaba solo.
Tocando esta última carta que me dejaste, en un folio blanco, una página tan vacía como nosotros mismos.

sábado, 20 de agosto de 2011

Noches precedentes


Hay días en los que parece que si no te voy a ver, voy a morir. A morir de tristeza, de soledad o sabe Dios de qué, pero parece que la noche, si llega, va a ser aún peor que el día. Son días de espera, de tal vez unas palabras, oírte, leerte, quizás verte, lejos, pero verte. Esos días ya se divisan desde la noche anterior, cuando el cielo no está rojo, está negro, pero mucho más negro que de costumbre. No se ven nubes, pero tampoco se ven estrellas. Lo único que se ve es oscuridad, lo incierto, las tinieblas, la pena, mis miedos. Miedo a que tal vez nunca vuelva a sentirme a tu lado, a mirar tus ojos, a tocar tus manos, acariciar tu pelo, miedo, pánico, terror, pienso en el color de tus ojos, del cual no podría olvidarme nunca, siempre acorde al color de tu pelo.
Esos días son días solitarios, donde todo el mundo parece estar fuera, fuera de mi vida, lejos de este planeta en el que yo, tal vez sólo yo, vivo. Para luchar contra lo inevitable y perder como siempre busco algo, busco a alguien, pero nunca encuentro a nadie si no te encuentro a ti, porque estos días no son para nadie, no son para mí, y no sé si serán para ti. La oscuridad que no deja de teñir tantas horas me hace sentir egoísta por querer llamarte, sentir tu voz en mi oído, decirte que la oscuridad ya llegó, que ya no veo nada, que necesito que me guíes por el camino que sabes que es el correcto, porque si yo tengo un camino, solamente tú lo conoces.
A veces también llueve, a veces un día gris me acompaña porque el mundo es así de amable, cuando ya no queda compañía hace de madre, de padre, de hermano, de amigo, y me envía unas gotas de lluvia, unas nubes gigantescas para hacerme entender que no estoy sólo, o que sí lo estoy, porque esa es la finalidad, el destino, pero que tal vez el propio mundo sea el hombro que me apoye.
A veces me imagino el momento en el que nos volvemos a juntar, un abrazo y después el alivio, la morfina que me calma el dolor de tanto tiempo. Aun así mi cerebro no me deja de recordar que no será más que un parche, que llegado un momento te irás otra vez y volveré a estar mirando al cielo, por si llueve, para ver que alguien más piensa en mí.
Hay días en los que parece que si no te voy a ver, voy a morir. 
Esta noche es increíblemente oscura, ya casi no veo nada.